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La conmovedora historia del Hachiko boliviano, un perro que unió a todos los vecinos de un barrio

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Los vecinos de la avenida Papa Paulo y Aniceto Arce en Cochabamba (Bolivia) han aprendido una lección al conocer a un perro fiel que sigue esperando a su amo ya muerto. El perro ha conseguido unir a vecinos y comerciantes del barrio que ya lo han bautizado como el Hachiko boliviano.

Aida, una vendedora de periódicos, es la testigo principal de la particular historia del Hachiko boliviano. Desde su puesto de trabajo solía ver todos los días a un perro corriendo detrás de una motocicleta conducida por un joven universitario que le gritaba que se fuera a casa. El perro le seguía durante un par de calles y luego se volvía a su hogar.

Una mañana, la motocicleta del universitario fue embestida por un taxi, enfrente del puesto de la vendedora de diarios. El perro aullaba, como clamando auxilio para su amo desvanecido en la calzada. Una ambulancia se llevó al joven, pero desgraciadamente falleció durante el trayecto al hospital. Desde ese día y durante los últimos cinco años, el perro se quedó en la jardinera de la avenida Papa Paulo casi Aniceto Arce, esperando el retorno de su dueño.

La familia del universitario intentó llevárselo a casa, pero el can huyó y se niega a moverse del lugar donde murió su amo. Martha García, que ayuda en la venta de periódicos hace cuatro años, corrobora la historia y añade que varios vecinos intentaron convertir en su mascota a Hachiko, como lo bautizaron en la calle, pero él no se mueve.

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“Da pena porque llora por horas en la jardinera, unos turistas norteamericanos se enteraron de la historia en el mercado y querían llevárselo, pero como si supiera, Hachiko nunca se dejó agarrar”, añade.

Los vecinos y comerciantes de la zona se encargan del perro y lo alimentan y le dan agua cada día. Desgraciadamente hace unos días fue atropellado por un coche y los vecinos ayudaron al animal y reunieron fondos para poder pagar el veterinario. Todos están pendientes del perro y se ha convertido en parte de sus vidas, uniendo a toda la gente del barrio.

Las amas de casa le llevan pan y salchichas, pero a Hachiko le gusta el menú que le sirven al lado del mercado. Todos los días a las ocho de la mañana Román Bilbao, dueño de frial Marcela, le da un plato lleno de agua y cuellos de pollo crudo. El perrito bebe el agua, toma una presa y vuelve a la jardinera donde vio caer a su amo, para comer allí, como si no quisiera perderse el posible retorno de su dueño.

Más tarde, regresa a por más comida y repite su rutina. Cuando ya está satisfecho, cruza hasta la esquina de la Papa Paulo y Aniceto Arce y aulla tristemente. En sus orejas se pueden ver las huellas de los ataques de otros perros, también se puede ver varias cortaduras y cicatrices pero lo que en verdad conmueve, a propios y extraños, es la tristeza de su mirada.

No es la primera vez que hablamos de perros que recuerdan al famoso Hachiko. Ver más historias de Hachikos de diferentes ciudades del mundo.

(Vía)

3 respuestas

  1. JORGE 3 años ago
  2. kevin 3 años ago
  3. carolina 3 años ago

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